La que fuera tierra de conquistadores, descubridores, inquisidores y actualmente conocida como tierra de parados. Nuestra tierra, la que igual engalanamos en piropos y alabanzas, tanto o de igual manera que pateamos y escupimos a placer sobre su nombre, maldiciendo al mandatario, al pillaje, o al tempo propio que parece haberse adjudicado a la hora de adaptarse al incesante cambio de la globalidad reinante. Todo esto orquestado al grito de: “Spain is different”.
La diferente tierra convulsa, en la que hoy en día podemos jactarnos de tener una de las mejores gastronomías, abrazada a uno de los peores servicios de internet. Siendo padres de una música única, declarada patrimonio de la humanidad, como el flamenco, padres que llaman hijos de puta a los que gobiernan, más famosos por sus méritos en los banquillos jurídicos, que por los obtenidos en su banco electo. Banco elegido aún no sé muy bien por quien. Esto, danzado esta vez al ritmo de un: “Vivimos en la España del Lazarillo” que muchos afirman.
Sensación que se percibe desde dentro pero, centrifuguemos la idea ¿Qué sensación se transmite hacia fuera? cómo es la idea de España que se exporta al mundo, me pregunto. Afilen sus tópicos, porque nuestro rico (históricamente hablando) país, no pasa desapercibido dentro del mundo del videojuego, el cual ha sido escenario de grandes despropósitos de la industria, o de realidades paralelas, que difuminan por completo la “delgada” línea atlántica, que separa nuestra tierra del lejano México. Esta vez al grito de: “Detrás de ti IMBÉSIL”
Veamos como tanto, desde el lejano oriente hasta la “hermanada” Norte América, la idea que tienen de nuestra cultura en el mundo del píxel.






